Aurora, que lo mira con sorpresa, intenta controlar sus nervios y se zafa de su agarre de forma un poco brusca.
—¿Hablar?... Tú y yo de lo único que tenemos que hablar es del 25% de las acciones que me pertenecen. Y no me vuelvas a tocar, me molesta. —Le dice la joven con tanta rabia en sus palabras que Ares tarda en reaccionar por la altivez de aquella mujer que, para él, era irreconocible.
—¡Nada es tuyo! Así que no te atrevas a reclamar nada. ¿Crees que por qué mi madre te ha vestido c