–Pues...si, de hecho me gusta mucho–ella sonríe tiernamente y eso me hace sentir un poco incómodo, con rapidez tomó la taza de té y pegó un primer sorbo luego cambió el tema y me enfoco en mi madre ignorando a dilara quién está todavía parada enfrente de mí, con tanta nobleza y respeto.
–Es todo jovencita te puedes marchar–dice mi madre regalándole una sonrisa creo que a veces me cuesta mucho sonreír a veces trato de hacerlo pero me cuesta tanto, no sé porque hay personas que creen que yo soy el