Los aplausos de las personas hacían eco, dentro de la iglesia, habían muchas celebridades y cantantes, bueno personas que jamás imaginé conocer, me sentía importante en ese momento.
Al llegar al altar tomé la mano de mi esposo, su agarré era frío. Estaba nervioso.
Me miró con ternura a los ojos y pude ver una lágrima que adornaba su ojo derecho.
El sacerdote de inmediato empezó a dar su discurso.
Estaba esperando que terminara para decir acepto.
-Señor tayyar, ¿acepta usted a la señora Dilara c