231. EL VERDADERO ASESINO
NARRADORA
«Alistair estiró la mano hacia ella, a punto de tocarla, olvidando que no podía cambiar el pasado.
Pero sus ojos erráticos descubrieron pronto la sombra que salió desde esa puerta, a la espalda de la reina desprevenida y débil.
Con una risa retorcida, una expresión que ya no era humana y ojos inyectados en rojo, “su padre” había revivido de la muerte.
—¡MAMÁ, NOOO! —el grito infantil se mezcló con el adulto. La desesperación que sintió en aquel momento fue peor al revivirla.
El rostro