92.
Tocan a la puerta y Martyn grita para que entren, al segundo se asoma el rostro de Rubiela y mis ojos se abren en gran manera de la emoción.
Corro para abrazarla y ella me abre los brazos con cariño. Noto que trae una cajita pequeña, pero en ese momento no me importa su regalo.
Nos hacemos preguntas a la vez y nos reímos cuando notamos que de la emoción no dejamos hablar a la otra.
—Oh, vaya, creí que no ibas a venir —le digo en un puchero.
—Claro que iba a venir, no me perdería tu cumpleaños p