82.

“Ay no, le va a hacer daño” pensé e intenté levantarme. Mi cabeza dolía demasiado. Pero como pude corrí hacia el ascensor, donde pude divisar la silueta de la joven asustada oprimiendo el botón del ascensor y a Emiliano tomarla del cabello.

Cuando mi visión volvió, logré verlo a él golpearle fuertemente el rostro y ella suplicar clemencia. Mis pies estaban congelados.

—¡¿Vas a ab

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