Mundo ficciónIniciar sesiónRápidamente corro a ella y hago que vuelva a meter los objetos en el delantal. Suelto una risa nerviosa.
—Mejor quédatelos, te los regalo —digo.
—Oh… ¿cómo se le ocurre? —comenta, aunque despliega una sonrisa y sus mejillas blanquísimas se le ruborizan.
—Estoy segura de que a tu esposo le va a encantar —suelto.
Ella deja salir una risita traviesa y después se va, caminando como una







