54.

—Déjame verlas —pidió Alessandro.

Estaba sobre mí, me encontraba acostada en su cama y sus manos ya estaban subiendo mi vestido azul.

—No… son muy feas —dije con mucha timidez.

—Eso lo diré yo —insistió y siguió subiendo mi vestido.

—¡Ale, no! —chillé y comenzamos a forcejear, pero al final cedí y él me alzó el vestido, logrando ver las

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