Mundo de ficçãoIniciar sessãoA las dos semanas Alessandro tocó a la puerta de mi casa, estaba con el pantalón lleno de barro y un golpe en su mejilla derecha y guardaba un bulto en su camisa que alguna vez fue blanca, estaba sudada y el bulto se removía en su interior.
—¿Qué te pasó? —le pregunté.
—Acabo de pelearme con un chico —me confesó y sus ojos se llenaron de brillo—. Iba a matarlo, pero pude rescatarlo. —Y en







