Ella miró su cara de preocupación. Era obvio que le importaban, y mucho. No era extraño, dada su dulce naturaleza. Habiendo escuchado su descripción de Amelia, Katy pudo ver como su propia casa, con sus prados abiertos, y su manera de dejar que los niños hicieran lo que quisieran, parecía preferible.
Podrían estar aún más aislados con su abuela que con ella. ¿Pero qué había de su idea