Luego, poco a poco, él se alejó, apoyando su frente contra la de ella mientras sus ojos se abrían con asombro. Katy respiró hondo para llevar aire a sus hambrientos pulmones.
—Oh —jadeó ella. Él se sentó sobre sus talones con una mirada desconcertada acechando en sus brillantes ojos, y ella notó que su propio pecho subía y bajaba con rapidez.
—Gracias por el honor, señorita Lenoi —Su voz era como la miel, como si se le atascara en la garganta. Luego, con un movimiento rápido y fluido, Bill s