En el momento en que abrí la puerta del cuarto designado para cambiarnos, todas las miradas estuvieron sobre mi. Cada persona que estaba hablando, paró su conversación para observarme con el ceño fruncido, juzgándome de reojo indiscretamente.
Mis compañeras mostraron desagrado y se dieron vuelta, dándome la espalda para murmurar entre ellas.
Suspiré y seguí hasta mi casillero ya sabiendo como serían las cosas a partir de ahora. De hecho, me hubiera sorprendido de lo contrario.
Bianca se acercó