— ¿Usted me ayudará a encontrar a mi mamá?
— Verás, niña, aquí — señaló el hombre con buen porte — los favores se pagan con sangre y sudor.
— ¿Sangre? — preguntó la pequeña con algo de temor — ¿Por qué sangre, señor …?
— Director — interrumpió —. Director Niquemio.
— ¿Entonces sí va a ayudarme?
— Eso lo veremos con el tiempo, niña. Tus labores serán recompensadas. Por ahora acompáñame, te presentaré a tus compañeros.
El hombre alto caminó hacia la gran puerta frente a ellos y algunos otros