A las tres semanas tuve nauseas leves, y a medida que avanzaba el tiempo mis días los pasaba vomitando en el retrete de mi "casa".
Amanecía con nauseas y vomitaba como una condenada. Tenía malestares como dolores de cabeza y mis defensas habían bajado de una forma que vivía con congestión nasal.
Notaba mi vientre un poco más grande cuando cumplí apenas un mes de embarazo. Me miraba al espejo, desnuda cada vez que salia de la ducha y me contemplaba en el espejo, destrozada, decaida, sin ganas de