Angélica estaba furiosa y confundida a la vez.
No podía creer lo que estaba viviendo.
¿Aquella cosa sería su protector? Tenía la ilusión que tuviera a una chica como protectora y así poder charlar y entablar una amistad. Necesitaba una amiga...echaba mucho de menos a Cleo.
—Ahora resulta que eres muda ¿no? —dijo aquel tipo que aparentaba de unos veintiséis años o hasta quizás menos.
—No soy muda, idiota. —contestó entre dientes, sin despegar la mirada de la ventana.
—Perdona por equivocarme. Es