Las luces se apagaron a las 11:47 p.m.
Un minuto la casa estaba viva con el zumbido de los aparatos, al siguiente todo quedó negro, tan espeso que apenas podía ver nada. El silencio fue tan intenso que luego el trueno rugió sobre nosotros, vibrando directamente a través de la casa.
Estaba en el porche, con un vaso de whisky sudando en mi mano, cuando el cielo se abrió. La lluvia azotaba de lado, helada, pegando mi camiseta blanca a mis pechos en cuestión de segundos. Mis pezones estaban duros y