La luz de la mañana entraba suavemente por los altos ventanales de la mansión Sinclair, proyectando cálidos destellos dorados sobre los impecables pisos de madera que habían sido cuidadosamente mantenidos durante muchos años. La casa lucía tan elegante como siempre, pero una diferencia casi imperceptible había comenzado a instalarse en su atmósfera. Nada parecía estar fuera de lugar y todas las responsabilidades seguían cumpliéndose puntualmente, pero la calidez invisible que antes unía cada ri