Cap. 24.3

La mañana siguiente se despertó, feliz, libre, sobre todo libre, no había sortija, ni peso en su dedo, solo un pequeño ardor que fácilmente se podía ignorar, su mente estaba más clara y se lo debía a él, al extraño de ojos plateados. ─ Buenos días ─. Canturreó Darién suavemente, Renata le sonríe cariñosamente con unos ojos somnolientos, ella no quería levantarse de su pecho, se sentía tan cómoda allí. ─ Tenemos que viajar ─. Anunció Darién acariciando el cabello de Renata. ─ Cinco minutos
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