-Niña no estoy de acuerdo en que este señor se acomode en la casa con sus pertenencias -la voz de Shara resonaba por todo el despacho de Brianda.
-¿En qué momento yo he pedido tu opinión, Shara? Te recuerdo que yo hago lo que quiero en mi casa. Si no estás cómoda, bien puedes irte. -Brianda miraba a la mujer con una ceja arqueada.
Como no supo que más decir, la ama de llaves se dio la vuelta y salió del despacho, visiblemente molesta, pero a Brianda poco y nada le importaba.
Habían pasado vario