―Esta casa fue la mejor elección ―dijo Nancy, observando dormir a su hijo en su nueva habitación―. Aunque aún no sé qué vamos a hacer con las dos habitaciones que restan.
―Ya te dije con qué podemos llenarlas ―bromeó el hombre, rodeando a su prometida desde atrás y dejando un suave beso en su mejilla―. De momento, puedes usar una para ti y yo ocuparé la otra.
―Oh, qué generoso eres ―soltó una risilla en voz baja para no despertar a Andrew―. No lo había pensado antes y suena genial. Una oficin