Mientras Nancy reemplazaba el vendaje manchado de sangre del brazo de Mason por uno nuevo, el hombre ante ella la miraba con evidente diversión y picardía. Él, más que nadie, sabía que no podía hacer mucho movimiento ni grandes esfuerzos debido a su reciente operación, pero le fue imposible resistirse a la dulce miel que emanaba de su amada.
—Te dije que esperáramos hasta que te recuperaras —siseó ella, molesta y avergonzada a iguales proporciones.
—Anoche mientras gemías y estaba dentro de ti