Meses después
—¿Puedo comer helado, tía Nan? —la pregunta de la pequeña Vicky trajo a la mujer a la realidad y le recordó el día en que conoció a Mason.
—Por supuesto que sí —le sonrió con el corazón afligido ante el recuerdo—. ¿Qué sabor quieres?
—¡Chocolate!
Se levantaron de la banca del parque y caminaron por el sendero hasta llegar al semáforo. La mente y el corazón de Nancy se llenaba de recuerdos, de cuando Vicky se perdió de su vista y conoció la mirada más hermosa y atrayente que ha