Por una semana entera, Nancy y Mason vivieron en una burbuja de amor que nadie podía quebrantar. Ambos vivían en lo más alto del cielo, amándose como tanto lo aclamaban sus corazones en el nido que construyeron con sus interminables besos y caricias.
Aunque ella le dijo a su abuela que se quedaría en casa de su amiga Carla, la anciana no era tonta. Sabía a la perfección que su nieta se quedaba con su novio. Ya Nancy no era ninguna niña para saberse cuidar, y ella no era quién para interponerse