Sharon Foster.
«¡No!¡No acepto!»
La respuesta fue gritada en mi mente mientras esas simples palabra se negaban a ser pronunciadas, sentí como si mi voz se hubiese atorado en mi garganta mientras el corazón comenzaba a latirme con demasiada intensidad, mi estómago pareció convertirse en un agujero negro que me tragaba desde adentro.
La tensión en el aire era tal que casi podía saborearla, me sentía incomoda, como si de pronto me diera cuenta que el corsé de mi vestido estaba demasiado ajustado y