Adrián Di´Marco.
Podría decir que ver pingüinos era un suelo hecho realidad… para Sharon.
Habíamos contratado un servicio turístico que nos guiara en la aventura de ver los jodidos asentimientos de pingüinos que tanta emoción causaban en Sharon.
Nuestro guía turístico era un tipo rubio, de unos sesenta años, con la piel curtida por el viento y la sal, y una voz de tabaco que parecía tallada en las rocas del acantilado. Hablaba de pingüinos con la misma pasión con la que yo hablaba de márgenes d