562. Vienen por mí.
El primer aullido no es advertencia.
Es declaración.
Resuena en el claro como un desafío antiguo, cargado de odio y tradición. Mi piel se eriza mientras avanzamos entre los árboles. El oscuro se mueve a mi izquierda, sigiloso y potente. El gris a mi derecha, silencioso como una sombra.
No me quedo atrás.
Dejo que mi transformación avance un poco más. Mis huesos vibran, mis sentidos se abren. El olor de los intrusos ya está en el aire: sudor, furia, ambición.
No vienen por territorio.
Vienen por