431. El precio de ser creída cuando nadie conoce la verdad.
El mundo reacciona con una velocidad que no concede tregua, porque la traición aparente no solo se instala como relato dominante sino que empieza a operar como permiso tácito, una excusa elegante para que antiguos equilibrios se reacomoden sin pedir autorización, y yo me desplazo por ese nuevo paisaje con la conciencia aguda de quien ha sido declarada inestable y, por lo tanto, prescindible, una condición que lejos de debilitarme me otorga una libertad áspera, peligrosa, casi embriagadora.
No m