299. Los hijos del fuego (segunda parte)
Afuera, la lluvia deja hilos de luz sobre los ventanales, y dentro de mí, algo respira con una temperatura ajena, una fiebre que no reconozco del todo. Siento el pulso del beso, aún vivo bajo la piel, latiendo en un idioma que ya no distingo si es deseo o advertencia.
No estoy sola. Los tres consejeros —Arven, Kael y Lir— me esperan en la cámara inferior del ala oriental, donde el aire siempre huele a hierro y mirra. Los he convocado con una excusa política, pero todos sabemos que esto no tiene