El salón del Hotel Ritz brillaba con una opulencia obscena. Lámparas de cristal de bohemia, cascadas de champán y la flor y nata de la mafia europea se daban cita para presenciar la unión de los Valerón y los Tyler. Era el escenario perfecto para una boda... o para una ejecución pública.
Caminé por el centro del salón con mi vestido de seda negra, ignorando los murmullos que se abrían a mi paso. El contraste entre mi luto silencioso y el blanco inmaculado de la decoración era una declaración de guerra que solo Dante comprendía. Lo vi al fondo, de pie junto a su padre, el Don. Dante lucía impecable en su esmoquin, pero sus ojos se clavaron en mí con una mezcla de deseo reprimido y una furia que prometía castigo.
Bianca se acercó a mí, envuelta en un vestido de encaje que pretendía gritar pureza. Se inclinó hacia mi oído, su aliento oliendo a cóctel y veneno.
—Te ves hermosa para ser tu propio funeral, Alessia. Disfruta de la cena. A medianoche, el mundo entero verá lo que haces entre l