Por la noche, las luces centelleantes brillaban parpadeando en la oscuridad a través de la ventana. Celia y Estrella bebían y charlaban en la sala, pero esta última ya comenzaba a mostrarse ebria, apoyando su brazo sobre el hombro de Celia.
—Amiga, hay una pregunta que siempre he querido hacerte —dijo.
Celia parpadeó, confundida.
—¿De qué se trata?
—¿Te gusta el doctor Gómez o no?
Al ver la expresión seria de Estrella, Celia dudó un momento. Iba a responder cuando Estrella la señaló.
—Tienes que