Celiana lo examinó y le preguntó:
—¿Y usted…?
—Soy quien la contactó.
—Ah, ya veo.
—Sígame, por favor.
Jacob se hizo a un lado y le hizo una seña para que lo siguiera. Celiana caminó detrás de él, mirando con curiosidad de un lado a otro. Era la primera vez que visitaba un restaurante tan lujoso y exclusivo. ¿Acaso la gente de la casa de subastas también era tan adinerada como el señor Herrera?
En el ascensor, no pudo evitar preguntarle a Jacob:
—Señor, quiero saber, ¿cuánto vale mi cruz en real