—Nicolás, ¿crees que aún puedo salvar mi relación con ella?
Nicolás, con las piernas cruzadas, estaba reclinado en el sofá leyendo un libro antiguo de medicina. Cuando escuchó la pregunta retórica del hombre frente a él, alzó la mirada.
—No lo sé. ¿Estás seguro de que yo pueda darte una respuesta?
Alfredo sonrió con amargura.
—Tienes razón. Nunca te han interesado estos temas.
Había conocido a Nicolás desde hacía años. Sabía que no le interesaban los romances; solo tenía ojos para los libros de