—Haré que Nicole te lleve a casa.
César apartó su mano y se fue caminando a pasos largos. Mirando cómo se alejaba, Sira apretó con furia la pulsera en su mano, y su mirada se tornó dura y feroz.
¡Maldita sea Celia! ¡Cómo se atrevió a competir con ella por César!
Pensando, sacó su celular y marcó un número.
***
Celia llegó al aparcamiento, sorprendida al ver que Alfredo la seguía. Se volvió con sorpresa.
—¿Alfredo?
Él se encogió de hombros, despreocupado.
—Yo sí te creo, Celi. No eres una persona