César retiró la mirada.
—No vale la pena ayudar a una persona así.
Dicho esto, se dio la vuelta y se fue.
Celia, que estaba en la oficina, escuchó claramente cada palabra de esa oración. Se puso toda pálida. Para César, era cierto que Carlos era solamente un inútil. En realidad, esa era una verdad que ella no podía contradecir. Al mismo tiempo, era también un hecho que Carlos había herido gravemente a una persona.
Carlos era su hermano y Celia lo conocía muy bien. A él no le gustaba estudiar y s