Magdalena se fue rápidamente.
Miguel se quedó paralizado. Después de un buen rato, finalmente reaccionó y en pocos pasos se abalanzó hacia Andrés, agarrándolo por el cuello de la camisa.
—¡Así que lo sabías todo... siempre lo supiste y aun así me dejaste hacerlo! ¡Lo hiciste a propósito!
Tras sus palabras, Andrés sonrió.
—Como adulto, ni siquiera tienes el más mínimo autocontrol, ¿a quién puedes culpar?
—¡Esto fue claramente una trampa que preparaste a propósito!
—Sí, pero saltar o no fue tu pro