La voz de Erwin llegó rápidamente: —Andrés, ¿ya llegaste?
Al escuchar la voz, Andrés levantó la cabeza de inmediato.
Cuando vio que Erwin llevaba puesta una bata de dormir holgada, con el cinturón apenas atado a la cintura, su expresión se oscureció hasta el extremo, y con voz tensa preguntó: —¿Dónde está Sonia?
—¿Qué?
—¡Te pregunté dónde está Sonia!
Andrés avanzó unos pasos y agarró con fuerza el cuello de la ropa de Erwin.
—Tranquilízate —dijo Erwin—. No te preocupes, tu esposa está bien, acab