—Ah, así está mejor.
Andrés asintió satisfecho:
—Ya que la última vez nos quitamos las máscaras, ¿para qué estas cortesías hipócritas ahora?
Mientras hablaba, tomó la taza de té frente a él:
—Ahora mismo, seguramente deseas que me muera, ¿no?
La voz de Andrés era tranquila, incluso mantenía una sonrisa en los labios.
Pero sus palabras eran suficientes para dejar a alguien sin aliento.
Sonia también hizo una pausa.
Pero pronto sonrió:
—Sí, veo que lo sabes.
—Mm, pero lamentablemente, aquí estoy s