Sonia miró a Leandro por un momento, luego sonrió:
—No hace falta, solo... quédate conmigo así.
Cuando terminó de hablar, Leandro extendió sus brazos y la abrazó.
Su abrazo no era fuerte, y su suave fragancia llenó instantáneamente las fosas nasales de Sonia.
Sonia tampoco mostró ninguna resistencia, solo extendió lentamente sus brazos y rodeó su cintura.
—¿Cómo está el señor? —preguntó Leandro.
—Derrame cerebral agudo —dijo Sonia suavemente—. Pero lo atendieron a tiempo, el médico dice que esta