Andrés la miraba sin decir palabra.
Sonia apenas podía mantenerse en pie.
Se sostenía con todas sus fuerzas, únicamente por el hilo de consciencia que le quedaba.
Cuando las puertas del elevador se abrieron y vio a Mario esperando afuera, ese último hilo de fuerza se desvaneció.
—Ella conocía bien las intenciones del señor Romero.
Aunque había venido sola esta noche, le había enviado un mensaje a Mario previamente para que viniera a recogerla cuando fuera hora.
Mario, que conocía la ubicación de