Había bebido alcohol y sus mejillas todavía mantenían un tono rojizo, mientras sus ojos brillaban húmedos.
—Andrés —lo llamó Sonia después de sacudir la cabeza, como si dudara de lo que veían sus ojos.
Él no respondió, mirándola sin mostrar ninguna emoción en sus ojos.
Igual que momentos antes, cuando la observaba dentro del bar de sake.
—Está nevando —comentó Sonia, aparentemente sin importarle su actitud—. Mira, está cayendo mucha nieve.
—Tienes razón, la nieve aquí es más hermosa que en