La noche avanzaba, pero el ambiente del club nocturno donde trabajaba Cassie era cada vez más frenético. El estruendo de los bajos de la música hacía vibrar las paredes, mezclándose con las estridentes carcajadas de hombres mujeriegos que ya comenzaban a perderse en la embriaguez.
Vestida con el ajustado, aunque discreto, uniforme de camarera, Cassie limpiaba con movimientos ágiles los restos de alcohol derramados sobre la barra. Sus manos cansadas apretaban con fuerza el paño mientras intentab