Capítulo treinta y seis: A dónde tú quieras.
No sé que me hacía sentir peor de la situación, saber que gracias a mi David había terminado en un hospital o que nadie de la familia de el mismo a quienes me tomé la molestia de contactar estaban presentes en el lugar. Vanna y yo por el contrario íbamos a hacer una zanja en el suelo de todas las veces que caminábamos de un lugar a otro mientras esperábamos noticias de el padre de mi hijo.
Por supuesto que todo se puso de cabeza, en esos momentos probablemente hasta la policía me estaría buscan