Capítulo treinta y cinco: Girasoles endemoniados.
— Siento que esta es una pésima idea — Susurré mientras miraba a mi amiga con duda.
— Pues no estaríamos pasando por esto si hubieras dejado de lado tu orgullo y aceptar que lo amas...
— Es más que orgullo, quiero que todo salga bien, hay un bebé en mi vientre y no puedo ser así de impulsiva e irme a vivir con David sin antes pensar en todo lo que conlleva — Argumenté.
— Solo buscas pretextos para seguir escondiéndote en tu habitación y no experimentar nada, le tienes miedo a los cambios, siemp