La traducción completa de Carlo llegó un viernes por la mañana.
La trajo en persona desde el cuarto de invitados del segundo piso, se sentó a la mesa del desayuno y comió el pan de Rosario con la eficiencia concentrada de un hombre que termina una tarea necesaria antes de una importante, y luego colocó el documento entre Ricardo y yo sin ceremonia alguna.
—La disposición final —dijo—. Completa.
Ricardo miró el documento.
Yo miré a Carlo.
Había terminado a las cuatro de la madrugada, dijo. No po