La ceremonia de unión fue pequeña.
Lo habíamos discutido entre Valentina y yo, a lo largo de muchas tardes en el salón del valle después de que las familias se hubieran retirado a sus casas, y habíamos coincidido en lo de «pequeña» sin llegar a usar nunca esa palabra; simplemente, ambos describimos lo que queríamos en términos que, sumados, daban como resultado algo pequeño.
El valle. El cielo abierto. La mesa comunal, la misma donde Emilio había brindado por nosotros la noche en que Valentina