Lo primero que registré fue el balanceo. No era suave. Era un balanceo profundo y brusco que me revolvía el estómago incluso antes de que mis ojos se abrieran. Sentía la boca como si alguien me hubiera metido algodón dentro mientras estaba inconsciente. Mi lengua estaba gruesa y seca contra el paladar.
Parpadeé ante la luz tenue que se filtraba a través de una especie de cortinas pesadas. El techo sobre mí estaba revestido de madera. Teca, tal vez. Era lujoso. Todo en esa habitación gritaba d