Capítulo cuarenta

La noche llegó lentamente.

No de forma natural.

Como si el propio mundo estuviera dudando en oscurecerse por completo a nuestro alrededor.

El bosque se había vuelto más delgado hacía horas, dando paso a extensiones irregulares de piedra negra y hierba pálida que se movía de forma extraña bajo el viento. Nada allí parecía muerto, pero tampoco completamente vivo.

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