118. Invitación aceptada
Laís
La ponencia era insoportable.
El ponente arrastraba las palabras con una monotonía que hacía que el tiempo se estirara como un elástico viejo, proyectando diapositivas llenas de texto minúsculo y gráficos indescifrables que nadie en la sala conseguía leer bien. Yo intentaba prestar atención, juro que lo intentaba. Anotaba fragmentos en la tablet, subrayaba alguna frase al azar aquí y allá, pero mi mente se escapaba como arena entre los dedos. Y cuando el tema era André, todo perdía el foco