111. Viva
Branca
Mi cuerpo aún temblaba con los restos del orgasmo, ondas suaves de placer recorriéndome la piel mientras me giraba entre sus brazos. El vidrio frío contra mi espalda era un contraste cruel con el calor del pecho de Cássio presionado contra mí. La ciudad allá abajo parpadeaba indiferente, como si nada de eso importara. Pero allí, en ese momento, con los dedos de él aún húmedos de mi placer, me sentía expuesta de una forma que iba más allá del cuerpo. Vulnerable. Viva.
Él me besó despacio,