Kate miraba impaciente el reloj. Pronto acabaría el día y ella llevaría consigo a Julian para pasar un día solos como dos personas normales en el mundo normal. Nada de magia. Nada de dinero. Y nada de deberes.
El reloj marco las 5pm.
-¡Apresuraste!- la chica jalaba al mismísimo presidente de la compañía sujeta de su manga mientras iba riendo por los pasillos.
Todos los trabajadores que los veían pasar quedaban asombrados, pero de alguna forma sentían algo de empatía, después de todo nunca antes